24.4.16

Se baja el telón. Cinco temporadas, cincuenta capítulos y una enmarañada madeja de personajes, lazos familiares, vínculos sentimentales y sed insaciable de poder que, en lugar de desenredarse, se aleja cada vez más de cualquier tipo de desenlace. En pleno meollo, en el nudo más congestionado de la historia, hay quienes, sin embargo, son capaces de ver la luz al final del túnel. Por delante, al menos dos entregas más de la adaptación audiovisual de Canción de hielo y fuego, un universo fantástico que George R.R. Martin empezó a dibujar en su cabeza en 1991. Veinticuatro años después todavía no tiene final. Mientras tanto y para hacer más llevadera la espera, repasamos las teorías más coherentes, las mejor armadas y argumentadas, sobre las tramas que vertebran la saga.

¿Está Jon Snow realmente muerto?

 

El capítulo final de la quinta temporada se cerró con un golpe maestro: la muerte de uno de los grandes protagonistas de Juego de TronosUno de los favoritos. Uno de los héroes de la saga. A Jon Snow se lo cargan al grito de «Por la Guardia!», después de que el bastardo Stark se empeñase en arrastrar a sus colegas de la Guardia de la Noche a las tierras inhóspitas de más allá del Muro. Lo hizo con buena intención, pero le salió mal. Regresó con más salvajes, pero con menos cuervos. Y los más contrarios a su mandato aprovecharon la ocasión para asestarle un golpe mortal. Engañado por su pupilo Olly, Snow acaba siendo acuchillado por sus hermanos de juramento. ¿Se esfuma aquí el prometedor futuro del chico nieve? ¿Realmente está muerto Jon Snow?

Está muerto y bien muerto. Pero una sólida teoría le otorga a Melisandre -¿casualmente? de nuevo en el Muro- el poder de hacer regresar a Jon del más allá. En varias ocasiones, la Bruja Roja ha mostrado un sospechoso interés por Snow. Sabemos también que en Juego de Tronos algunos muertos, y no solamente los Caminantes Blancos, vuelven a la vida. Hablamos de un universo fantástico, en el que el uso de la magia está a la orden del día, en el que la gente puede encarnarse en otros rostros -como Jaqen H'ghar y Arya- y en el que las brujas son capaces de engendrar sombras con el poder de matar a humanos.

En la tercera temporada, Beric Dondarrion cuenta cómo ha resucitado varias veces después de convertirse a la religión del Señor de la Luz. En las novelas, además, hay otros personajes, que en su día fueron principales, que regresan como humanos al mundo de los vivos. Lo hacen, sin embargo, despojados de gran parte de su humanidad. Con menos sensibilidad, con menos compasión, con menos consideración. ¿Sería descabellado pensar que la sacerdotisa va a resucitar a Jon?

Aunque Melisandre todavía no ha resucitado a nadie hay otro factor a tener en cuenta: la conexión con los lobos huargos. Bran es un cambiapieles, capaz de trasladar su mente al cuerpo del lobo. ¿Y si todos los hermanos Stark lo son? ¿Y si Jon Snow hubiese escapado a Fantasma antes de pasar a mejor vida? A diferencia de la serie, los libros arrojan más luz sobre esta posibilidad. Inciden en las últimas palabras que dice Jon Snow antes de morir: «'Fantasma',susurró. El dolor lo invadió». En el caso de que, en el último minuto, Snow se hubiese mudado a la piel de su lobo, hay quienes defienden que su «resurrección» no será como la del resto de muertos que vuelven a la vida. Que Jon no habría perdido nunca su conciencia. Que Melisandre lo traerá de vuelta, pero no desde el más allá, sino desde el lobo. Es más, hay un momento en el que la bruja mira a las llamas y escucha el nombre de Jon Snow. Lo ve en el fuego. «Era un hombre; luego, un lobo; luego, un hombre otra vez», describe la novela.

R+L=J

Hay en el mapa de Poniente un buen puñado de personajes dignos de admiración, algunos de naturaleza indiscutiblemente carismática y otros tan bien dibujados que, aún encarnando valores indignos, se cuentan entre los favoritos del devoto de Juego de Tronos. Jon Snow pertenece a este grupo privilegiado, junto a otras personalidades abrumadoras como la de Tyrion, Cersei o Daenerys. Su magnetismo es particularmente potente para el espectador porque su fachada noble, su conducta siempre intachable, su integridad y su recta moralidad no terminan de concordar con sus orígenes. El engaño. La traición. Una cana al aire de Ned Stark en algún sucio burdel. La única grieta de la relación más pura de todo Poniente, la de Eddard Stark y Catelyn Tully. La más transparente. Quebrada cuando el cabeza de familia volvió a casa con un bebé bajo el brazo, asegurando que era su bastardo, dispuesto a criarlo con el resto de su descendencia. Nadie, a este lado de las pantallas, se lo creyó. 

Nació entonces la siguiente teoría: Ned no es padre de Jon Snow. Es su tío. Su hermana, Lyanna Stark, esa de la que Robert Baratheon estaba tan locamente enamorado, esa que está representada como una estatua en una cripta bajo Invernalia, habría mantenido una relación con un Targaryen, el hermano mayor de Daenerys, un encuentro del que habría nacido el chico nieve. Pero la historia no es sencilla. Atentos:

Rhaegar Targayren y Lyanna Stark se vieron por primera vez en el Torneo de Harrenhal. Ella estaba prometida con Robert y él, heredero a la corona, casado con la princesa Elia Martell. El flechazo fue instantáneo. Rhaegar, ganador de la competición, se acercó a Lyanna para, ignorando a su esposa, coronarla como reina del amor y la belleza. Un año después, la joven Stark desapareció. La versión oficial dice que el príncipe Targayren la secuestró. La no oficial, que ambos se fugaron juntos. Después llegó la guerra. Y tras ella, Ned Stark encontró a su hermana pequeña dentro de una torre, sola y agonizando sobre una cama llena de sangre.

Lyanna le arrancó una promesa a Ned. «Prométemelo Ned», atormentaría al más honrado de los Stark durante el resto de sus días. ¿Qué fue lo que le prometió? ¿Por qué Ned nunca le ha desvelado a nadie, ni siquiera a su mejor amigo, la identidad de la prostituta, madre de Jon? ¿Qué hay detrás del trato protector de Ned con Snow? Y, ¿por qué Robert Baratheon sentía ese odio tan visceral hacia la casa Targayren? Sumamos, uno, más uno, más uno, más uno, y el resultado es que el nuevo Lord Comandante de la Guardia de la Noche no solo es un Stark, sino también un Targayren. Sobrino de la Khaleesi. Ojo al dato.

¿Es Tyrion de verdad un Lannister?

Los Targayren, que parecían pocos ellos, una especie en extinción con Daenerys como última superviviente, aparecen ahora hasta debajo de las piedras. Dando ya por sentado el linaje de Jon Snow, parece que, además, el bastardo Stark podría ser pariente lejano del Lannister enano. Expliquémonos.

En una de las profecías que ve la madre de los dragones aparece su hermano mayor Rhaegar -ese posible padre de Jon Snow- asegurando que «el dragón tiene tres cabezas». Tres dragones. ¿No son mucho para la reina del pelo platino? ¿Es posible que en lugar de un jinete haya tres? El primero sería ella; el segundo, el protagonista de las dos anteriores teorías -en caso de que la andadura de Snow no haya terminado aquí-. Y nos falta un Targayren. Todos los rumores apuntan aquí a Tyrion. Los que los defienden relatan que el rey Aerys Targayren -apodado el Rey Loco, padre de Daenerys y último Targayren en sentarse en el Trono de Hierro, antes de Robert- habría abusado de la esposa de Tywin Lannister, Joanna Lannister, convencido de su derecho de pernada. De esta violación habría nacido el enano. 

Esta nueva estirpe de Tyrion explicaría el evidente rechazo que sentía Tywin Lannister por él. Siempre decía que no era hijo suyo. ¿Y si lo decía de verdad? De la misma manera, justificaría la falta de escrúpulos del raquítico rubio a la hora de acabar, en plena letrina, con el cabeza de la Casa Lannister, Señor de Roca Casterly. De ser así, Tyrion saltaría directamente al árbol genealógico de los Targayren como hermanastro de Daenerys. Mismo padre y diferente madre. ¿Qué pasará, de ser así, cuando se encuentren los tres únicos Targayren que quedan vivos?